La nueva lista negra de la RIAA la encabeza una web con una condena de 322 millones de dólares que jamás pagará
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La RIAA ya ha entregado a la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) su informe de 15 páginas sobre «mercados notorios» de cara a 2026. El gran protagonista es un nombre de sobra conocido: Anna's Archive, la autodenominada biblioteca en la sombra que, de acuerdo con la patronal discográfica, extrajo y amenazó con difundir cerca de 90 millones de archivos musicales de Spotify (según recoge Digital Music News). La otra gran incorporación resulta bastante más incómoda para las discográficas: Lalals, un servicio radicado en Emiratos Árabes Unidos que ofrece clonación y modulación de voz, separación de pistas por pistas (stems), generación de temas y versiones con inteligencia artificial —incluidos modelos vocales que imitan a grandes estrellas de la industria— con tarifas de entre 12,99 y 24,99 dólares al mes.
El calendario de este informe no es casual. Llega apenas medio año después de que la industria se anotara una de las indemnizaciones por piratería más cuantiosas de la historia contra su objetivo principal, una cifra astronómica que ilustra a la perfección el peso real —y los límites evidentes— de figurar en esta lista negra del USTR.
La odisea de Anna's Archive, en perspectiva
Todo ocurrió a un ritmo vertiginoso. En diciembre de 2025, Anna's Archive —hasta entonces centrada en libros y artículos académicos— anunció el raspado de 86 millones de canciones de Spotify con la intención de distribuirlas en masa vía torrent. Antes de acabar el año, Spotify y las tres grandes discográficas demandaron a la plataforma ante un tribunal federal de Nueva York. El 2 de enero, el juez Jed S. Rakoff dictó una orden cautelar que bloqueó el dominio de la web (según informó Billboard).
Aun así, los responsables del sitio publicaron los enlaces torrent en febrero: un catálogo de más de 2000 millones de archivos musicales presuntamente ilegales, de los cuales los abogados de Spotify descargaron 120 000 a modo de prueba. Ya en abril, el juez Rakoff emitió una sentencia en rebeldía implacable: 300 millones de dólares para Spotify por vulnerar las cláusulas antielusión de la DMCA (a razón de 2500 dólares por cada una de las 120 000 descargas acreditadas) y 22,2 millones para las discográficas (150 000 dólares por infracción deliberada sobre 148 grabaciones identificadas). En total, 322,2 millones de dólares acompañados de una orden permanente para que los proveedores de internet bloqueen la plataforma.
El remate de la historia se resume en dos realidades que la propia RIAA admite entre líneas en su informe. La primera: nadie conoce la identidad de quienes operan Anna's Archive, por lo que cobrar esos 322 millones es una utopía. La segunda: la web no ha dejado de reaparecer bajo nuevos dominios cada vez que le clausuran uno. La sentencia existe en el papel; el dinero y el cierre definitivo, no.
(Conviene matizar un detalle cuantitativo: las crónicas judiciales de Billboard hablaron en todo momento de 86 millones de canciones raspadas, mientras que el informe de la RIAA eleva la cifra a «casi 90 millones» de archivos de música. Más que una contradicción fáctica, suele ser una discrepancia de criterio técnico, ya que un tema puede componerse de varios archivos. Esta última cifra no se ha contrastado de forma independiente).
Lalals y el choque frontal con las voces clonadas por IA
El punto de inflexión del documento reside en Lalals. Mientras Anna's Archive encaja en la piratería tradicional de descargas masivas, Lalals representa un terreno pantanoso que la industria aún no sabe cómo atajar por la vía jurídica: herramientas de IA que no alojan grabaciones protegidas, sino que reproducen el timbre y estilo de los artistas que las popularizaron. El catálogo de funciones que describe la RIAA —«modulación de voz, clonación vocal, texto a voz, separación de stems, composición con IA, masterización y generación de versiones alternativas»— se parece mucho más a un software de producción musical avanzado que a un portal pirata convencional.
Y ahí radica el dilema: a 24,99 dólares mensuales en su plan Pro, Lalals compite en precio con herramientas creativas legítimas. Digital Music News lo subraya con claridad: esta denuncia se produce justo «cuando Suno, Spotify y otros gigantes preparan herramientas oficiales vinculadas a artistas específicos». La respuesta de las discográficas frente a la clonación no autorizada pasa por su propio terreno comercial: productos licenciados que cuentan con el visto bueno y la remuneración del cantante. Para la RIAA, esta lista actúa como el garrote en una estrategia de incentivos y castigos, confirmando que las plataformas de clonación vocal ya forman parte estructural del ecosistema infractor a ojos de las grandes discográficas.
En el plano práctico, el obstáculo es el mismo de siempre: incluir a una compañía con base en Emiratos Árabes Unidos en un documento consultivo de Estados Unidos no acarrea consecuencias legales automáticas. Se trata de un mecanismo de señalamiento público pensado para allanar futuras demandas o presiones diplomáticas, no de una sanción ejecutiva.
Ausencias notables en la lista de 2026
Las bajas respecto a años anteriores dicen tanto como las altas. Snaptube, una popular aplicación para extraer audio de vídeos que figuraba en la entrega de 2025, se ha caído del informe de 2026, al igual que los portales de descarga directa Newalbumreleases e Hiphopkit. El análisis de DMN apunta a una cuestión de prioridades: el espacio del informe es limitado y la atención de la RIAA se ha desplazado del ripeo de streaming hacia el vaciado sistemático de catálogos y la clonación generativa.
Y luego está el caso de X. La IFPI, homóloga internacional de la RIAA, no dudó en incluir a la red social en su propuesta para la lista de piratería de la Unión Europea, un movimiento previsible tratándose de reguladores europeos frente a una tecnológica estadounidense. En cambio, la RIAA ha dejado fuera a la plataforma de Elon Musk, que colabora activamente con los grandes sellos promocionando lanzamientos desde su cuenta oficial @Music. Una misma red es motivo de alarma por piratería en Bruselas y socia publicitaria de primer orden en Washington. Ambas patronales justificarán la discrepancia con base en sus competencias técnicas, pero la contradicción refleja a las claras qué intereses defiende cada organismo.
El alcance real de aparecer en los «mercados notorios»
El inventario del USTR no deja de tener utilidad práctica: sirve como base documental para armar demandas de gran calado, tal y como demostró el litigio de 322 millones contra Anna's Archive. Pese a que ese dinero difícilmente se cobrará, el proceso sí desembocó en mandatos judiciales de bloqueo para operadoras y sentó jurisprudencia para litigios venideros. No es un logro menor.
Con todo, los dos nombres estelares de este año dejan al descubierto las costuras del sistema. Uno acumula una condena de cientos de millones de dólares y sigue activo mediante réplicas de su dominio; el otro monetiza suscripciones de clonación vocal en un mercado donde la alternativa legal apenas acaba de despegar. Señalar con el dedo es sencillo; cobrar la indemnización o frenar la actividad es el verdadero rompecabezas de la industria. La lista refleja a la perfección qué le quita el sueño a la RIAA, pero no ofrece soluciones para atajarlo. Y en 2026, ese vacío es la verdadera noticia.
Fuentes
- Digital Music News — RIAA Flags Anna's Archive, Deepfake Platform Lalals in 2026 'Notorious Markets' Submission, 15 de octubre de 2026
- Billboard — Spotify, Record Labels File Piracy Lawsuit Against Anna's Archive (Rachel Scharf)
- Billboard — Spotify and Major Labels Win $322M in Music Piracy Lawsuit (Rachel Scharf), abril de 2026
- Billboard — Spotify Music Library Scraped by Pirate Activist Group (Mitchell Peters), diciembre de 2025