8 millones de oyentes frente a 1.000 suscriptores: las cuentas del streaming que Lily Allen destapó vendiendo fotos de pies
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El 25 de octubre de 2024, la cantante británica Lily Allen publicó un mensaje en X cargado de rabia e ironía: «Imagínate ser artista y tener casi 8 millones de oyentes mensuales en Spotify, pero ganar más dinero gracias a 1.000 personas suscritas a fotos de tus pies». Y remataba con la clásica frase: «Don't hate the player, hate the game» (no odies al jugador, odia el juego).
Aquel tuit era una réplica directa a un comentario despectivo que decía: «Imagínate ser una de las mayores estrellas del pop de Europa y acabar reducida a esto». En cuanto Allen contestó, el debate dio un giro radical: el morbo del cotilleo pasó a un segundo plano y saltó a la palestra una cuestión estructural de la industria. ¿Cómo es posible que una cantante con casi 8 millones de oyentes mensuales necesite vender fotos de sus pies para llegar a fin de mes?
Dos años después, la pregunta sigue tan vigente como el primer día. De hecho, los informes financieros y las métricas más recientes del sector no han hecho más que confirmar el diagnóstico.

Las cuentas que no salen
Repasemos las cifras con calma.
La suscripción al OnlyFans de Lily Allen cuesta 10 dólares al mes. Con el millar de abonados que declaró tener, ingresa unos 10.000 dólares mensuales netos. Para ponerlo en perspectiva: en todo 2023, apenas 66.000 artistas en todo el mundo lograron generar 10.000 dólares o más en regalías anuales dentro de Spotify, una plataforma con millones de creadores subiendo música. En plata: lo que 1.000 suscriptores le ingresaban en 30 días equivalía al umbral de ingresos que a un músico le costaba un año entero de reproducciones alcanzar. (Para 2025, según datos de Spotify, ese grupo superaba los 81.000 artistas, una cifra que sigue representando un porcentaje ínfimo del total).

Desglosar la parte del streaming resulta algo más enrevesado. A partir de estimaciones de terceros, Billboard calculó que a 17 de octubre de 2024 la artista promediaba unas 851.623 escuchas diarias en Spotify. Aplicando las calculadoras habituales de la industria, la plataforma estaría generando unos 4.077 dólares al día para los titulares de sus derechos: 3.239 dólares por derechos de grabación, 336 por derechos mecánicos y 503 por derechos de ejecución pública (Billboard). Lily Allen no tardó en calificar el cálculo de «tremendamente engañoso» (como recoge el artículo original). Y tenía motivos: antes de que un solo céntimo aterrice en la cuenta corriente del músico, el dinero pasa por el sello discográfico, la editorial y las entidades de gestión colectiva. Lo que desembolsa una plataforma de streaming son ingresos para los titulares de derechos, no el sueldo neto del artista.
La puntualización de Allen describe la realidad mucho mejor que las fórmulas de Billboard. Según los propios datos de Spotify en su portal Loud & Clear, no existe una tarifa fija por reproducción: la plataforma destina dos tercios de sus ingresos musicales a un fondo común de regalías, que luego se reparte en función de la cuota de reproducciones («streamshare»). En 2025, generar una de cada un millón de reproducciones en Spotify se traducía en unos 11.000 dólares anuales de regalías brutas... que van primero a parar a los titulares de derechos y luego se liquidan al artista según su contrato particular. Para una figura de catálogo consolidada con casi 8 millones de oyentes mensuales, la distancia entre un contador de reproducciones deslumbrante y el saldo bancario real está plagada de comisiones y recortes.


Por eso la frase «No odies al jugador, odia el juego» dio en el clavo: el problema no reside en la trayectoria ni en el momento profesional de un cantante en concreto, sino en cómo está estructurado el reparto del pastel.
Empezar por los pies: un experimento comercial milimétrico
Con la perspectiva del tiempo, la llegada de Lily Allen a OnlyFans estuvo lejos de ser un arrebato impulsivo; fue una jugada de marketing y negocio pensada al detalle.
Todo arrancó en junio de 2024 en su podcast Miss Me?. Su manicurista le comentó que sus pies contaban con una codiciada calificación de cinco estrellas en WikiFeet —la web comunitaria dedicada a catalogar y puntuar pies de celebridades— y le soltó: «Podrías hacer una pasta vendiendo fotos de tus pies en OnlyFans». Allen respondió sin titubear: «Dije: 'Pues no me niego'» (Billboard).

A principios de julio de 2024 se estrenaba la cuenta «LilyAllenFTSE500», con un nombre que ya era una pulla en sí mismo: un guiño al FTSE 100 de la Bolsa de Londres, pero cotizando a 10 dólares al mes por imagen podal. Debutó con apenas siete publicaciones —desde primeros planos de pedicuras hasta zapatos de diseño—, ciñéndose estrictamente a la temática de los pies y marcando distancias deliberadas con el contenido para adultos por el que se conoce a la plataforma. Su marido, el actor de Stranger Things David Harbour, dio el visto bueno públicamente: «A él le parece estupendo».


En el podcast explicó su razonamiento con total transparencia: tras haber sufrido una hipersexualización constante desde joven, «mucha gente se lucró con mi cuerpo sin que yo tuviera apenas control». Monetizar directamente su propia imagen suponía, a su juicio, un acto de reapropiación: surrealista y cómico, pero empoderador (según recogió el reportaje original de sus declaraciones en audio). Vender fotos de pies acabó dándole la vuelta al debate sobre quién decide y quién factura con el cuerpo de una mujer.
En el plano comercial, la jugada fue redonda. Según los datos de Chartmetric citados por la cobertura original, el desembarco en OnlyFans no dañó su audiencia musical; al revés, la disparó. En la semana del 4 al 11 de agosto de 2024, sumó cerca de 364.100 oyentes mensuales nuevos en Spotify, lo que supuso una aceleración del 261,1% respecto a su ritmo previo. La polémica se tradujo en reproducciones; cruzar la línea se convirtió en su mejor campaña de relaciones públicas.

El modelo OnlyFans: unas decenas de empleados facturando medio negocio
La industria musical lleva una década llenándose la boca con la llamada «economía de los creadores». Quien de verdad ha conseguido monetizarla a escala masiva ha sido OnlyFans.
Su ventaja competitiva es evidente: al funcionar íntegramente a través del navegador web, esquiva la tasa del 15% al 30% de las tiendas de aplicaciones de Apple y Google —que además vetan el contenido explícito— y puede transferir hasta un 80% de los ingresos directamente a los creadores. En el streaming, por contra, tras descontar el tercio de la plataforma, el dinero entra en una maraña de intermediarios antes de llegar al artista.

La evolución de sus balances financieros ilustra el fenómeno con nitidez. En el ejercicio fiscal 2023 (cerrado el 30 de noviembre de ese año), OnlyFans registró 6.600 millones de dólares en volumen bruto de facturación y repartió 5.320 millones entre sus creadores (Variety). En el año fiscal 2024, el volumen bruto creció un 9% hasta los 7.220 millones de dólares, con unos ingresos netos de 1.410 millones, un beneficio antes de impuestos de 684 millones y 5.800 millones abonados a los creadores, sumando 4,634 millones de cuentas de creadores y 377,5 millones de usuarios registrados (Variety). Para el ejercicio 2025 (cerrado a 30 de noviembre de 2025), la facturación neta avanzó otro 10% hasta alcanzar los 1.550 millones de dólares, con 5 millones de creadores y 437 millones de cuentas de seguidores (Variety. Nota: los datos de Founder Park citados en el artículo original —«ingresos en 2024 de 6.600 millones, un 19% más»— corresponden en realidad al ejercicio 2023 y aquí quedan ajustados a los informes oficiales).


Hay métricas que merecen una lectura atenta. A fecha de 2026, OnlyFans ha repartido más de 25.000 millones de dólares acumulados entre sus usuarios, y 5.076 creadores han superado el millón de dólares en ganancias dentro de la web. Todo esto con una plantilla diminuta: 46 empleados fijos en el año fiscal 2024 y 47 en 2025 (Variety). La rentabilidad y los ingresos por empleado que mueven esas pocas decenas de trabajadores presentan un ratio con el que ninguna discográfica ni plataforma de streaming puede ni soñar.

Con todo, esta maquinaria de hacer caja vivió momentos convulsos en 2026. Su propietario, Leonid Radvinsky, falleció de cáncer en marzo de 2026 a los 43 años, y el control pasó a su viuda, Yekaterina Chudnovsky (los registros del Companies House británico reflejan el traspaso accionarial a los vehículos familiares en mayo de 2026). Ese mismo mes de mayo, la compañía vendió una participación del 16% al fondo Architect Capital por 535 millones de dólares, lo que supuso una valoración de 3.150 millones (Variety), bastante por debajo de los 8.000 millones que Radvinsky aspiraba a conseguir en vida. Margen altísimo, gran tajada de comisiones y una dependencia desmesurada del perfil de un único fundador: los mercados aplicaron su propio descuento de riesgo.
La dirección ejecutiva también ha cambiado de manos. Amrapali Gan, mencionada como consejera delegada en el artículo original, dejó el cargo en julio de 2023 para montar la consultora Hoxton Projects; la relevó Keily Blair, hasta entonces directora de estrategia y operaciones (Variety; se corrige aquí el dato del texto original). Con Blair al mando, la estrategia para desestigmatizar la marca se ha acelerado: insiste públicamente en que la plataforma va «más allá del contenido erótico», potenciando verticales de comedia, deportes de contacto y fitness, y reforzando su servicio de vídeo para todos los públicos OFTV —lanzado en 2021— como vía de crecimiento alternativa.
Más allá de Lily Allen: la fuga de talentos
Lily Allen no es una excepción aislada; simplemente es el caso que más ruido ha hecho.
La cantante británica Kate Nash lo resumió sin pelos en la lengua a finales de 2024, cuando lanzó la campaña «Butts 4 Tour Buses» en OnlyFans para financiar sus directos vendiendo fotos de su trasero. Dejó una frase para el recuerdo: «No hace falta que escuchéis mi música en streaming; ya me apaño con mis 0,003 peniques por reproducción, gracias». Respaldó su decisión con datos del sector: los costes de transporte, alojamiento y promoción para salir de gira se han disparado mientras los cachés siguen estancados, convirtiendo los directos en un «proyecto vocacional» a pérdidas para la inmensa mayoría de los artistas (Billboard).
Antes que ellas estuvo la rapera australiana Iggy Azalea, que abrió brecha en enero de 2023 volcando en OnlyFans su proyecto multimedia «Hotter Than Hell»: una suscripción mensual de 25 dólares que daba acceso a su cuarto disco de estudio, sesiones de fotos exclusivas y un libro de mesa. Sus declaraciones fueron tajantes: «Las discográficas ganaron muchísimo dinero con mi cuerpo... y a mí me tocó la parte más pequeña». Sobre lo que factura, nunca quiso dar detalles exactos («estoy ganando tanto que no pienso decir la cifra»), desmintiendo los rumores que hablaban de 9 millones de dólares al mes (Billboard; la cifra de 9 millones mensuales citada en la pieza original carece de fuente fiable y queda aquí matizada como rumor infundado).

Por su parte, Cardi B abrió cuenta en agosto de 2020 para compartir descartes del videoclip de WAP y contenidos más personales (Billboard; los supuestos 45 millones de dólares totales proceden de listados de internet no verificados). La actriz Bella Thorne pulverizó marcas ese mismo año al ingresar un millón de dólares en sus primeras 24 horas (Billboard). Incluso el rapero surcoreano Jay Park utilizó OnlyFans en junio de 2024 para la promoción de su sencillo «McNasty» (según el artículo original; sin cobertura anglosajona destacada).


El patrón común es evidente: hablamos de nombres consagrados a los que no les falta visibilidad pública. Su objetivo no era vender fotos o vídeos como tal, sino rentabilizar dos activos ausentes en las redes abiertas: exclusividad (pago por acceso) y control (comentarios privados y ausencia de linchamiento público). Es la validación matemática de la tesis de los «1.000 fans verdaderos» de Kevin Kelly: a un creador no le hace falta gustar a las masas; le basta con encontrar a un núcleo fiel dispuesto a pagar por un contacto directo y exclusivo.

El contraataque del streaming: segmentar al superfan
Lo más revelador de este éxodo es que los primeros en mover ficha no fueron los sellos tradicionales, sino las propias plataformas de audio.
En febrero de 2025, el CEO de Spotify, Daniel Ek, confirmó en una conferencia de resultados que estaban probando internamente un nivel de suscripción enfocado a «superfans», calificando 2025 como «el año de la aceleración en la ejecución». Paralelamente, los nuevos acuerdos de licencias de Spotify con multinacionales como Universal y Warner incluyeron cláusulas específicas para «nuevos niveles de pago y paquetes de contenido exclusivo», mientras que Universal se alió con Deezer para explorar formatos de distribución bautizados como «Streaming 2.0» (Billboard).
Dicho sin rodeos: las plataformas de streaming han terminado reconociendo que no tiene sentido cobrarle lo mismo a un oyente casual que a un seguidor incondicional. Un plan superior con audio de mayor calidad, contenido exclusivo y acceso privilegiado al artista es exactamente la fórmula que OnlyFans rentabilizó cuatro años antes. Visto con distancia, el mensaje de Lily Allen en X fue menos una pataleta y más un pliego de condiciones de producto entregado con dos años de antelación.
Ahí reside la gran paradoja del sector: los mismos superfans que los músicos tuvieron que buscar fuera para poder cobrar un sueldo digno son ahora la tabla de salvación financiera para los gigantes del streaming. Las plataformas ansían capturar el poder adquisitivo que OnlyFans demostró que existía. Lo que ninguna ha prometido igualar —por ahora— es ese 80% que va directo al bolsillo del creador.
El desenlace: vuelta a los escenarios
Para Lily Allen, la resaca posterior a la polémica de los pies vino acompañada de turbulencias personales.
A principios de 2025 confesó en su podcast que estaba atravesando un bache emocional muy duro; ese mismo año se confirmó su separación de David Harbour tras cuatro años de matrimonio (Billboard). Durante unos meses, el episodio de OnlyFans pareció quedar catalogado como una simple excentricidad de una etapa complicada.
Sin embargo, las noticias de 2026 cambiaron el tono del relato: la artista regresó a la música de lleno. Anunció nuevo trabajo discográfico y se embarcó en una gira en solitario, renunciando conscientemente a los grandes pabellones estadounidenses para actuar en teatros íntimos, en lo que la crítica definió con ironía como «el tour pop con menos público del año», un monólogo musical a pecho descubierto (Variety). En el verano de 2026 actuó en el festival noruego Øya y fue galardonada con el prestigioso O2 Silver Clef (Variety).
Mirado con perspectiva, OnlyFans no fue una retirada musical ni un cambio de oficio para Allen, sino una huelga en toda regla: eligió la vía más provocadora para poner en evidencia lo ridículo de los ingresos del streaming para los artistas de clase media, acumuló liquidez y capital negociador, y regresó con esas cartas al estudio. Las fotos fueron el cebo; la cuenta de resultados era el mensaje.
El tablero sigue en juego
«No odies al jugador, odia el juego»: solemos olvidar la moraleja implícita de esa frase, y es que las reglas de cualquier juego se pueden cambiar.
En dos años, el panorama ha dejado datos elocuentes: OnlyFans acumula más de 25.000 millones de dólares pagados a creadores, manteniendo ese reparto del 80% que avergüenza al modelo tradicional; las plataformas de streaming corren para implantar suscripciones premium para superfans, intentando quedarse con el dinero que otros validaron; y la propia Lily Allen ha aprovechado la notoriedad y los fondos obtenidos para volver al lugar del que nunca quiso salir: el escenario.
La relación entre artista y público sigue respondiendo a la misma lógica de siempre: una minoría pagará encantada por la cercanía, mientras que la mayoría consumirá de paso sin coste. Lo que se debate ahora es quién se queda con ese margen y en qué porcentaje. La propuesta de OnlyFans es directa e imbatida: 80% para quien produce el contenido. La respuesta del streaming, mientras tanto, sigue durmiendo en las diapositivas de sus próximas actualizaciones.
Hasta que esas promesas se conviertan en ingresos reales en las cuentas bancarias, cualquier artista con un puñado de millones de oyentes mensuales puede volver a recurrir a sus pies para cuadrar el balance. No debería extrañar a nadie: no es postureo, son números.
Fuentes consultadas
- 音乐先声 (Music First Sound): 《当一位有800万听众的歌手决定“下海”OnlyFans》 (artículo original, en chino)
- Billboard: Lily Allen Says She Earns More Money From Selling Feet Pictures Than Spotify Streams
- Billboard: Lily Allen Joins OnlyFans to Sell Feet Pictures
- Billboard: Lily Allen & David Harbour Separate After 4 Years of Marriage: Report
- Billboard: Kate Nash Launches 'Butts 4 Tour Buses' OnlyFans Campaign to Fund Tour
- Billboard: Iggy Azalea Kicks-Off 'Hotter Than Hell' Era With Launch of OnlyFans Profile
- Billboard: Iggy Azalea Will Not Be Apologizing for Making Money Off OnlyFans Photos
- Billboard: Cardi B Joins OnlyFans, So That's Where You'll Find 'WAP' Outtakes and 'Private Stuff'
- Billboard: Bella Thorne Is the First Person to Earn $1 Million on Her First Day on OnlyFans
- Billboard: Superfan Streaming Is Getting Closer to Being a Reality
- Variety: Lily Allen Says Her OnlyFans Feet Pictures Make More Money Than Spotify Streams
- Variety: OnlyFans Payments Surged to Record $6.6 Billion in 2023, up 19%
- Variety: OnlyFans Gross Revenue Rises 9% to $7.2 Billion in 2024
- Variety: OnlyFans Valued at $3.15 Billion in Deal to Sell Minority Stake to Architect Capital
- Variety: OnlyFans Millionaires: Site Says 5,076 Creators Have Earned More Than $1 Million to Date
- Variety: OnlyFans Names Keily Blair New CEO
- Variety: Lily Allen's One-Woman Show Is the Least Populous Pop Tour of the Year
- Variety: Lily Allen, Sam Fender… Revealed as First Honorees of 2026 O2 Silver Clef Awards
- Spotify Loud & Clear (actualizado en marzo de 2026, datos de regalías de 2025)
- UK Companies House: Fenix International Limited (registros corporativos)